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Crónica de una consagración: El estreno de «Bosques de Maiernigg» de Mauricio Charbonnier en el Teatro Colón

Actualizado: hace 3 días

Hay días en los que la vida te pone a prueba, obligándote a transitar entre los extremos más opuestos de la experiencia humana. Ayer, sábado 30 de Mayo 2026, fue uno de esos días marcados por el contraste absoluto.


Apenas un rato después de visitar a mi papá en el hospital, me encontré cruzando el umbral de mármol del Teatro Colón, con mi cámara a un lado y la mente dividida, porque tenía un compromiso ineludible: el estreno del Poema Sinfónico n.° 3, «Bosques de Maiernigg», de mi gran amigo y colega, Mauricio Charbonnier.


Con Mauricio nos conocemos desde hace años. Mi camino como su productor comenzó allá por 2018, con el primer álbum New Music of the Américas, cuando recién dábamos los primeros pasos en proyectos que hoy parecen lejanos y que fueron los cimientos de todo lo que vino después.


Recuerdo nuestras primeras charlas sobre su estética neorromántica, esa búsqueda constante de una carga dramática y fuerza expresiva que hoy es su marca de identidad. Verlo hoy, estrenando en la sala principal de nuestro máximo coliseo, me llena de un orgullo que no me cabe en el pecho.


Aclaro, para quienes no me conocen, no soy fotógrafo de profesión, soy productor discográfico, técnico de grabación, docente. Me gusta sacar fotos y lo hago en casos especiales, solo trabajo en fotografía con quienes me siento a gusto compartir la experiencia y tener la suficiente libertad artística para buscar mi ángulo. Actualmente, produzco música a nivel internacional, gestiono artistas, compositores, estudios y turimo en Argentina. Si querés saber más sobre mis servicios hacé click acá o contactarme para producir tu música.

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Poéticas en contraste: La experiencia del concierto


La experiencia del concierto, titulado «Poéticas en contraste», fue algo religioso. Ver a la Filarmónica bajo la dirección de la maestra Zoe Zeniodi fue una revelación personal.

Final del IV movimiento de Chaikovski
Final del IV movimiento de Chaikovski

Zeniodi, con su dirección impecable, manejó la orquesta con una precisión y una sensibilidad que dejaron a la sala en un silencio absoluto. Y qué decir de Midori, la gran violinista invitada. Su interpretación del concierto de Chaikovski fue de una introspección conmovedora; lejos de la tradición heroica, propuso una lectura contenida y reflexiva que me hizo olvidar de todos mis problemas por un momento. La violinista japonesa Midori es asombrosamente precisa y delicada.


Algo de lo que más me emocionó fue ver a rostros queridos en el escenario. Ver a Tatiana Glava como concertino y a Julián Medina en los contrabajos, dándole vida a las notas de Mauricio, fue el recordatorio perfecto de que la música es, ante todo, una construcción colectiva y humana.



La interpretación de Midori del concierto de Chaikovski fue de una introspección conmovedora. El primer movimiento fue preciso y transitado el Moderato assai ya no podía escapar del asombro de semejante capacidad de detalles. Me gustaría detenerme especialmente en el final del segundo movimiento, la Canzonetta. Fue un momento de una precisión deslumbrante y una delicadeza casi irreal; las cuerdas de su violín parecían susurrar secretos al oído de cada espectador en la sala, alejándose de la tradición heroica para ofrecernos una lectura contenida y reflexiva. El contraste con el Allegro vivacissimo, justamente, virtuoso, elegante, arriesgado y, perfecto.


Tras la ovación, Midori nos regaló dos bises. El primero fue una obra que no logré identificar, pero que mantuvo esa atmósfera de misticismo. El segundo, sin embargo, fue una de las partitas de Bach, ejecutada con una pureza técnica que solo los elegidos poseen. Fue el bálsamo perfecto que necesitaba para silenciar por un rato las preocupaciones que persisten en la mente.


Ovación a Midori
Ovación a Midori

La obra de Mauricio, «Bosques de Maiernigg», es un refugio. Él mismo lo dice: la música es un vehículo para abrazar al que escucha, para que compositor y oyente se sientan menos solos. Mientras sonaban esos acordes inspirados en la naturaleza y en la resistencia espiritual de Mahler frente a las convulsiones del mundo, sentí que las charlas sobre el sentido de las composiciones actuales cobró entidad en una obra necesaria para el contexto actual. Me sentí menos solo. Mauricio ha logrado capturar esa sensación de querer escapar al bosque, de encontrar un lugar donde el ruido de la gran ciudad —y de los problemas cotidianos— no pueda alcanzarnos.


El intermedio mágico y el refugio en los «Bosques»


Luego del segundo bis, se produjo un intervalo de 15 minutos que guardaré siempre en mi memoria. Con la autorización del guardia de seguridad, tuve el privilegio de acompañar a Mauricio al palco presidencial. Estar allí, observando la inmensidad del Colón desde esa perspectiva privilegiada, fue un momento mágico. La solemnidad del espacio y la inminencia del estreno de su obra crearon un silencio compartido que se sentía cargado de historia. Ambos estabamos nerviosos. Lo convencí de hacer unas fotos, pese a la oscuridad del ambiente del palco. Con una linterna iluminé lo que pude, abrí el diafragma a 1.2, subí el ISO y aumenté el tiempo de exposición al máximo razonable y logramos una foto soñada.



La foto soñada y los 32 pasos hasta la fila 7.


En la segunda parte llegó el gran momento: «Bosques de Maiernigg», dedicada in memoriam a Gustav Mahler. Para capturar la foto que habíamos planeado, tuve que recurrir a salir del molde. Acordamos que el momento sería justo después de dos negras con calderón en un tutti de orquesta. Previamente, caminé por la sala calculando el tiempo desde mi butaca hasta el punto ideal para la fotografía: conté exactamente 32 pasos, lo que me llevaría aproximadamente nueve segundos. Con esa información aproximada, me desplacé desde mi lugar, platea 17 asiento 526, esperé el momento de máxima tensión sonora y me moví en el momento justo hasta la sexta fila.


El concierto concluyó con la Sinfonía n.° 2 de Arthur Honegger. Es una obra de una fuerza arrolladora, escrita en tiempos de guerra, que resonó en el escenario con una potencia dramática inmensa.



En el cajón la música no dice nada


Hablar de este estreno sin mencionar lo que costó llegar hasta allí sería contar solo la mitad de la historia. Mauricio no suele hablar de sus sacrificios —no es su estilo, prefiere que hable la música—, pero como su productor desde 2018, yo he visto de cerca las innumerables horas dedicadas a la docencia para poder financiar su tiempo de escritura, robándole espacio al descanso y a la vida personal. En un contexto donde las comisiones de obras para compositores son prácticamente inexistentes y donde el apoyo es, en muchos casos, un espejismo, Mauricio eligió el camino más difícil: crear desde Argentina, peleando cada nota contra la falta de subsidios y la precariedad de un sector que muchas veces empuja al artista al exilio.


He sido testigo de su lucha constante contra esa frase ingrata de que «nadie es profeta en su tierra», transformando la soledad del escritorio y las dificultades económicas en una disciplina de hierro. Este debut en la sala principal del Colón no es un golpe de suerte; es el resultado de años de una resistencia espiritual que hoy, finalmente, florece en el escenario mayor de nuestro país.



Como productor, he tenido el privilegio de acompañarlo en grabaciones complejas, como "New Music of the Americas", "Estampas Americanas" e "Impresiones sobre Buenos Aires" con el Ensamble NMA, donde ya buscábamos esa sonoridad de gran profundidad y elegancia.





Pero nada se compara a la vibración del aire en la sala principal del Colón. Allí, la legitimidad que otorga el espacio se funde con la calidad artística del compositor. Mauricio no es solo un "profeta en su tierra" que ha decidido crear desde Argentina a pesar de las dificultades de nuestro país; es un artista que sabe que en el cajón la música no dice nada, y que por eso pelea por cada estreno, por cada nota.



La foto del final


Al finalizar, mientras sacaba una foto panorámica de la sala vaciándose, me crucé con una pareja que venía de Japón. Conversamos un rato en inglés y terminamos intercambiando favores: yo les saqué una foto a ellos en ese escenario histórico a cambio de que me sacaran una a mí con mi equipo. Gracias, Kaporr, por ese gesto; espero que disfruten Buenos Aires. Les recomendé un par de lugares representativos de nuestra ciudad para que su visita sea completa.


Foto gentileza Kapoor.


Panoramica de la sala al final. PH: Christian Paladino.


Conclusión


Amigo, felicidades. Verte saludar al público desde ese escenario, rodeado de músicos de la talla de la Filarmónica, fue el mejor bálsamo que pude recibir tras tiempos tan desafiantes. Hace ocho años, en nuestra primera conversación acerca de los sueños de cada uno, este objetivo ya estaba puesto en la agenda.


Esta cobertura fotográfica no fue un trabajo más. Fue un acto de amistad pura. En medio de la situación con la salud de mi padre, mi capacidad de estar presente era nula, no solo emocionalmente sino también económicamente; no podía permitirme gastar un solo centavo adicional fuera de lo que requería la urgencia familiar. Fue Mauricio quien, con una generosidad que lo define como persona, se encargó de absolutamente todo: desde los traslados hasta mi entrada al teatro, además de mi servicio como agente de prensa. "Chris, tenés que estar", me dijo hace meses. Se lo prometí y estuve. Gracias a ese gesto pude ser testigo del debut de su obra en la Filarmónica de Buenos Aires, en el marco de las celebraciones por su 80º aniversario.


Gracias por permitirme ser parte de tu historia desde 2018, desde que leí la partitura de "Los pájaros negros" por confiar en mis sugerencias, a veces con ideas absurdas e incluso cuando mis fuerzas flaqueaban, y por recordarme que, pase lo que pase, siempre nos quedará la música para volver a casa. Nos queda pendiente brindar en un momento más propicio.


Este estreno no es solo un logro profesional; es el triunfo de la constancia, de la disciplina y de esa pasión creativa que nos une. Brindo por muchos más "Bosques" donde refugiarnos. Felicidades amigo, lo lograste.





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